domingo, 27 de marzo de 2022

Los otros superhéroes

Con la llegada del buen tiempo y la relajación de las restricciones de movilidad tanto en Austria como en otros países, en lugares como Stephanplatz se vuelven a congregar cientos de personas, tanto locales como visitantes, que dotan a Viena de una atmósfera que no había experimentado desde que vivo aquí. Cuesta creer que a tan solo 5 minutos a pie existan rincones en los que desconectar del bullicio y el jaleo de esta mitica plaza. Uno de ellos se encuentra dentro de un pequeño patio al que se accede desde la callejuela de Blutgasse. Se trata del Museo de la Paz, un lugar que recomiendo visitar, especialmente ahora cuando tanta falta hace luchar por este valor universal.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este museo abrió sus puertas en 2014 y desde entonces ha servido como punto de discusión, reflexión y promoción del activismo pacifista. También es un lugar en el que se homenajea a todas aquellas personas que a lo largo de la historia han contribuido a detener el avance del militarismo y el negocio de la guerra en diferentes partes del mundo, los llamados “héroes de paz”. Este museo forma parte de una red internacional de instituciones que se dedican a concienciar a la sociedad sobre la necesidad de promover una cultura de paz en nuestro planeta.



El Museo de la Paz de Viena consta tan solo de dos habitaciones y una pequeña cocina en su interior. Conforme se entra a la izquierda está la sala de exposiciones, donde se exhiben fotografías, cuadros y otros trabajos de diferentes artistas relacionados con el tema de la paz. La otra zona del edificio consiste en una sala que se utiliza para proyecciones audiovisuales, presentaciones y debates.






Aparte de lo que se puede ver en el interior del museo, en algunas ventanas de los edificios de Blutgasse están dedicadas a la exhibición permanente Windows for Peace (“Ventanas por la paz”) en la que se presentan algunas de las personalidades que dedicaron (o todavía dedican) gran parte de sus vidas a la defensa del pacifismo. Entre ellas no podían faltar Bertha von Suttner y Alfred Hermman Fried, los dos únicos austriacos galardonados con el premio Nobel de la Paz.




Si queréis visitar el Museo de la Paz lo podéis hacer de lunes a viernes, de 11 de la mañana a 5 de la tarde. La entrada es gratuita aunque se puede hacer donaciones que ayuden a mantener este centro. Podéis encontrar más información en su página web oficial.

Y hablando de iniciativas para la paz. si estáis hoy por Viena podéis pasaros por la Heldenplatz donde se celebra a partir de las 13:25 un concierto benéfico. La entrada es gratuita y se pueden hacer donaciones voluntarias para ayudar a las personas afectadas por la crisis humanitaria en Ucrania. Tenéis más información pinchando la imagen. ¡Allí nos vemos!


 


domingo, 20 de marzo de 2022

Estupa a la vista

Si camináis o vais en bicicleta por la orilla del Danubio, es posible que os topéis con una inesperada silueta blanca más propia de lugares como, por ejemplo, Tailandia o Camboya. Se trata de la Friedenspagode o Pagoda de la Paz, gestionada por una comunidad budista japonesa llamada Nipponzan Myohoji, que también organiza acciones pacifistas en otras partes del mundo.




La Pagoda de la Paz fue construida en 1983, año en el que el budismo se autorizó como religión oficial en Austria. Además de ser un lugar que sirve para recordar la defensa de la paz mundial y la convivencia entre personas de diferentes credos y religiones, este centro también es sede de diversos eventos relacionados con el budismo y la conmemoración de momentos histórico como los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. 





La comunidad budista en Austria apenas supera los 10000 miembros. El organismo que se encarga de la promoción y difusión de los principios de esta religión y eventos relacionados con la misma es la Unión Budista Austríaca (Osterrichische Buddhistische Union), que engloba congregaciones distribuidas por diversos puntos del país.




Podéis llegar a la Pagoda de la Paz tanto desde Donauinsel, cruzando el puente Praterbrücke y girando a la izquierda, o desde el mismo Prater atravesando el Grünhaufenbrücke y luego a la derecha. Para más información, tenéis la página web oficial (en alemán).

Salud, amor y mucha paz para todo el mundo.


Fuentes y enlaces de interés (en inglés):



   

    

lunes, 14 de marzo de 2022

Un lenguaje de paz

A finales del siglo XIX, el avance de la revolución industrial estimuló el desarrollo de los medios de comunicación y los transportes, lo que incrementó el flujo de las relaciones internacionales y los viajes. Fue este el contexto en el que Ludwig Lejzer Zamenhof, un oftalmólogo polaco, escribió su libro Lingvo internacia. Antaŭ­parolo kaj plena lernolibro, en 1887. En esta obra se explicaban los principios y reglas del esperanto, una nueva lengua con la que se pretendía conseguir el entendimiento entre personas de diferentes nacionalidades y condiciones sociales para así facilitar la resolución de conflictos entre los habitantes del planeta. A este idioma y su historia está dedicado un museo en Viena del que trata la entrada de hoy.



Inaugurado en 1929, como parte de la institución de la Biblioteca Nacional Austríaca, el museo del esperanto de Viena es uno de los pocos en el mundo dedicados a esta lengua (de momento solo sé que hay uno más en Zaozhuang, en China, y otro en España, concretamente en Subirats, provincia de Barcelona). A través de vídeos y materiales audiovisuales interactivos, se muestra el desarrollo histórico del esperanto y otras lenguas llamadas planificadas, entre las que también hay espacio para el élfico o el klingon, por ejemplo. También hay textos históricos y objetos, como sellos, monedas y algunos productos cotidianos como paquetes de tabaco, que se han usado como medio de difusión de este idioma.





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Hubo un periodo en el que el museo del esperanto de Viena estuvo cerrado, entre 1938 y 1947, coincidiendo con la ocupación de Austria por parte de la Alemania nazi. La Gestapo clausuró la institución e incluso envió a su director, Hugo Steiner, a un campo de concentración. Al parecer, Hitler ya había dejado constancia en su Mein Kampf que uno de los supuestos fines del esperanto era poder reunir a todos los judíos del mundo y empoderarlos, por lo que intentó silenciar y eliminar tanto a esta lengua como a sus hablantes. Otro regímenes y gobiernos también se opusieron a la difusión de este idioma, como el de Stalin, que lo consideraba una lengua de espias y pequeñoburgueses.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A día de hoy no se conoce el número exacto de hablantes de esperanto. Según la página web de Babbel, se estima que unos 2 millones de personas lo hablan, y que un millar de ellas lo tienen como lengua natal. Cada año se siguen publicando libros, canciones y otros productos culturales en este idioma, y se organizan congresos y conferencias alrededor del mundo. La nuevas tecnologías le han dado más vida si cabe a su difusión y el aprenderlo está al alcance de cualquiera con una conexión a internet. Hay páginas en las que se puede aprender de manera gratuita, como Lernu, cursos en vídeo en Youtube y algunas cuentas en Twitter especializadas. También hay aplicaciones de idiomas, como Duolingo, que incluye el esperanto entre sus cursos.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El museo del esperanto de Viena se localiza en el Palais Mollard, el mismo lugar en el que se encuentra el museo de los globos terráqueos, del que ya hablé hace poquito. La entrada incluye la visita a ambos museos. Si necesitáis más información, podéis encontrarla en esta web.

Desconozco si los actuales hablantes de este idioma siguen manteniendo los mismos ideales que su creador, o simplemente lo aprenden por mera curiosidad. Sea como sea, el hecho de aprender una nueva lengua es siempre un gesto de voluntad de querer comunicarse y hacerse comprender y, de una u otra manera, acaba favoreciendo el entendimiento entre diferentes civilizaciones.

Muchos ánimos a todas aquellas personas embarcadas en este momento en el aprendizaje de lenguas. El camino no está exento de baches pero los frutos del esfuerzo acaban superando con creces los contratiempos.

Ĝis la venonta tempo!

Fuentes: 





sábado, 5 de marzo de 2022

¿Qué puedo hacer?

En medio de la incertidumbre y la preocupación por el conflicto del que estamos siendo testigos, todavía se pueden encontrar gestos humanos que aportan algo de esperanza y dan para creer que otro mundo es posible. Son muchas las personas que en los últimos días están colaborando con acciones de ayuda humanitaria, tanto directa como indirecta, a través de donaciones, para las víctimas de esta tragedia. Tal y como apuntaba en la entrada de la semana pasada, hay multitud de pequeños gestos que podemos llevar a cabo en estos momentos y que, unidos a otras iniciativas, se convierten en una acción global poderosa y que anima a hacer de la solidaridad un modo de vida. En esta entrada explicaré algunas de las maneras en las que tú, tú y también tú, podéis ayudar en esta crisis, centrándome especialmente en las acciones dirigidas hacia las personas refugiadas. Son opciones, principalmente, para las personas residentes en Austria, pero algunas, como las donaciones, por ejemplo, también se pueden llevar a cabo desde otros países.




En los próximos días, las primeras personas refugiadas empezarán a llegar a Viena y otras ciudades austriacas donde diversas ONGs coordinan sus esfuerzos para proveerles de toda la ayuda necesaria. Algunas de estas asociaciones (ver una lista actualizable más abajo) requieren voluntarios para realizar diferentes labores y servicios concretos, como transportistas, intérpretes, traductores, o profesionales de la salud. La comunidad ucraniana en Austria ha organizado una página web donde también es posible registrarse como voluntario y/o colaborar con aportaciones económicas o bienes de primera necesidad. Se puede visitar en este enlace.

Por otra parte, la asociación de psicoterapeutas de Austria (ÖBVP) necesita psicoterapeutas y otros profesionales relacionados con el apoyo socioemocional, con inglés, ucraniano o ruso fluido (si quieres colaborar, o conoces a alguien al que le pueda interesar, envía un email a ukrainehilfe@psychotherapie.at).



 

Otra campaña que ya está en marcha para ayudar a las personas refugiadas, en este caso con el alojamiento, es la organizada por la agencia federal de servicios de atención y apoyo a compañías de responsabilidad limitada en Austria (la BBU). Esta organización, en cooperación con el Ministerio de Interior, está coordinando una red de apoyo de ciudadanos dispuestos a alojar a personas que vienen huyendo del horror. Si tienes espacio disponible en tu casa o dispones de una segunda residencia que puede ser utilizada para este fin, puedes escribir un email a nachbarschaftsquartier@bbu.gv.at. También puedes contactar con la página de Homes for Ukraine, organizada por la comunidad ucraniana en Austria.
Tanto si resides en Austria como en otro país, también puedes colaborar con alojamiento a través de la web de Ukraine Now, y completar un formulario: https://www.ukrainenow.org/i-can-host

 

Si no dispones del tiempo para ejercer como voluntario ni del espacio para poder alojar, y te gustaría aportar tu granito de arena para ayudar a las personas refugiadas, hay varias asociaciones e instituciones que están organizando campañas de donaciones, recogiendo ropa, medicamentos, juguetes, productos de higiene personal, y otros artículos. Por ejemplo, en la iglesia de Santa Barbara en Viena, en Postgasse 8, se recogen todas las tardes bienes que son transportados a la frontera entre Eslovaquia y Ucrania. También se pueden hacer donaciones en la Universidad de Artes Aplicadas (Oscar Kokoschka Platz, 3). En otras ciudades, como Salzburgo, la asociación cultural polaca recoge productos para llevar a la frontera de Ucrania con Polonia, algo que también estamos haciendo estos días en mi escuela (si alguien quiere donar por esta vía, me puede contactar directamente por el blog o por redes sociales).

 
Tanto para hacer aportaciones económicas como para ofrecerte como voluntario/-a, puedes contactar con las siguientes organizaciones:

 


Además de todo lo enumerado, hay otras muchas acciones que podemos hacer en nuestro día a día y que van desde la promoción de la paz y la educación en valores tales como el respeto, la justicia y la empatía a vuestros hijos/-as, hasta movilizarse y levantar la voz contra las injusticias. Aquí también entraría no quedarse callado cuando alguien os venga con la retórica de rechazo a todo lo que tenga que ver con Rusia y sus ciudadanos, que no tienen la culpa de todo este despropósito.
 
Incluso podéis colaborar no haciendo nada, desde el sofá de vuestros hogares, como apuntaba Paco Bernal en su blog Viena Directo ayer mismo, haciendo un uso responsable de los recursos para así reducir la dependencia energética de Rusia que tenemos actualmente.
 
Y, por supuesto, no os olvidéis de colaborar con las personas más cercanas y que también están pasándolo mal de un modo u otro en estos días. Pasa tiempo con ellas y escúchalas, porque nunca sabes ni cómo ni cuándo la vida puede volver a cambiar en estos tiempos tan volubles en los que nos encontramos.
 
Un fuerte abrazo y a seguir sumando apoyos.



domingo, 27 de febrero de 2022

Imagina

Imagina que de buenas a primeras te ves forzado/a a dejar la comodidad y el calor de tu hogar y tienes que irte a pasar la noche a un refugio antiaéreo. Temes por tu vida y las de tus familiares y amigos, que también se encuentran en la misma situación. No consigues conciliar el sueño en cinco horribles noches donde el ruido de los bombardeos y las ametralladoras han sustituido a lo que hace unos pocos días era una calma absoluta.



Imagina que no te queda otro remedio que desplazarte hacia otro país en busca de un lugar más seguro donde salvaguardar tu integridad física y emocional. Recorres cientos de kilómetros, gran parte de ellos a pie, descansando en improvisados refugios, sin calefacción ni agua potable, y dosificando los pocos alimentos que has conseguido llevarte para el camino. Una vez en la frontera, el mismo ejercito de tu nación te exige pagar un elevado soborno que apenas puedes costear. La miseria humana dentro de la miseria humana.




Imagina que un día la gente te empieza a mirar mal por ser ciudadano de un país cuyo mandatario ha metido a tu pueblo en un conflicto armado. Te deniegan el visado, no te quieren contratar, y a tus hijos/as los rechazan en el colegio. Y todo por una guerra de las que estás totalmente en contra. Pero no vale de nada, ya te han puesto la etiqueta de “malvado” simplemente por haber nacido en dicha nación.




Imagina que la plaza en la que solías reunirte con tus amigos es ahora un solar devastado por los bombardeos, donde solo se ven escombros en los alrededores. Tus vecinos y compañeros te hablan de familiares y amigos que lo están perdiendo todo tras años de duro trabajo. No es raro que cada cierto tiempo alguien te comunique también un fallecimiento. Tú mientras esperas entre la ansiedad y el embotamiento que esta agonía termine pronto.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es muy descorazonador que tras años continuados de conflictos en diferentes zonas del mundo, no hayamos aprendido absolutamente nada y sigamos teniendo dentro esa simiente de rencor y codicia que nos lleva a la progresiva autodestrucción. De nada sirve que sigamos consiguiendo avances en la tecnología, las comunicaciones, la salud, si seguimos confiando nuestros designios a mandatorios que en lo que menos piensan es en la gente.

A pesar de todo, confío en que todavía queden personas que con sus pequeñas acciones intentan arreglar estos despropósitos. Quizás todas estas tragedias puedan servir de chispa para un auténtico movimiento social donde prime la solidaridad y el apoyo mutuo entre pueblos. Tú también puedes contribuir con lo que dices y haces a diario. Si tienes hijos, edúcales en la resolución pacífica de conflictos, promueve valores basados en el respeto y la empatía, llama la atención sobre las injusticias, y movilízate si es necesario, uniendo tus fuerzas con otros colectivos que trabajen por la paz.



Por el fin de las guerras. Todo mi apoyo para los que cada día se esfuerzan por hacer de este mundo un lugar más habitable.





domingo, 20 de febrero de 2022

Un globo, dos globos, tres globos

Una de las aficiones que tenía cuando era niño era la de explorar mapas, ya fueran dentro de un atlas, un libro de geografía o en una bola del mundo. Me pasaba las horas trazando líneas invisibles con el dedo entre un continente y otro ante la mirada de extrañeza de los adultos, cuyas reacciones iban desde la curiosidad hasta la pena al ver a ese chiquillo raro del barrio que prefería la geografía, la historia y los comics a jugar al fútbol en la calle como los niños “normales”. Han pasado los años y sigo teniendo ese interés casi innato por la cartografía, por lo que disfruté de lo lindo hace unas semanas visitando el museo de los globos terráqueos de Viena (Globenmuseum), donde se expone la colección más grande del mundo de este tipo de objetos. Un sitio único al que dedico la entrada de hoy.





Inaugurado en 1956, la colección del Globemuseum ha estado siempre en permanente crecimiento. En estos momentos cuenta con más de 700 objetos relacionados con la geografía aunque solo se muestran al público unos 250. Además de esferas terrestres y celestiales de diferentes periodos históricos y materiales, se pueden apreciar también artefactos como los teluriones, que son representaciones de la tierra y sus movimientos alrededor de sus diferentes ejes, así como su distancia al sol, la luna y los planetas del Sistema Solar.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre las piezas más valiosas de esta extensa muestra se encuentran dos globos del geógrafo flamenco del siglo XVI Gerard Mercator, y las enormes esferas de 110 centímetros de diámetro del veneciano Vincenzo Coronelli, fraile franciscano que regaló estos preciosos objetos al emperador Leopoldo I de Habsburgo. Hay otras dos esferas de este reputado cartógrafo en la Prunksaal de la Biblioteca Nacional de Austria.



Aparte de la importancia a nivel histórico y también artístico, el museo incluye paneles con información interesante sobre geografía, astronomía y medio ambiente. También hay que destacar la comparativa entre las representaciónes de nuestro planeta en el siglo XVI y las actuales, donde se aprecian importantes diferencias y errores de medición (California se representaba como una isla hasta el siglo XVIII, por ejemplo) que se han ido corrigiendo a través del tiempo conforme han ido evolucionando la calidad y la precisión de los instrumentos.





En sus inicios, el museo de los globos terráqueos se alojaba en una de las alas del Hofburg, el palacio imperial, pero en 2005 la exhibición se trasladó a su lugar actual, el Palails Mollard, un edificio barroco del siglo XVIII, en la calle Herrengasse. Aquí también se encuentra el museo del esperanto, al que también se puede acceder con la misma entrada del Globenmuseum, y al que dedicaré una entrada diferente en el futuro.

Podéis encontrar más información sobre los horarios, precios de las entradas y visitas guiadas en la página oficial del museo: https://www.onb.ac.at/museen/globenmuseum 
 
Espero que si visitáis Viena tengáis tiempo para incluirlo en vuestra lista de sitios para ver porque no tiene desperdicio.





domingo, 6 de febrero de 2022

Aroma a historia (y a caballo)

Uno de los principales atractivos de Viena recae en su poblada lista de rincones, avenidas, plazas y otras localizaciones exteriores que constituyen un museo en sí mismas. Es una ciudad en la que incluso durante un confinamiento, con todo cerrado como el que teníamos hace un año, se puede seguir disfrutando de espectáculos como el que nos ofrece la Michaelerplatz, uno de los enclaves más bellos de la zona centro que repasamos en la entrada de hoy.




La Michaelerplatz o Plaza de San Miguel tomó su nombre en honor a la iglesia románica (la Michaelerkirche) que aquí se encuentra, construida en el siglo XIII, y que es una de las más antiguas de Viena. Está flanqueada por dos edificios residenciales, la Grosses Michaelerhaus (Casa Grande de San Miguel), donde residió por un tiempo el compositor Joseph Haydn, y la Kleine Michaelerhaus (Casa Pequeña de San Miguel).




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justo enfrente de la iglesia se encuentra una de las entradas del Hofsburg, el palacio donde residían los emperadores austríacos de la dinastia de los Habsburgo. Esta es sin duda la parte más llamativa a nivel estético de la plaza. Son de destacar las majestuosas estatuas que hay en la fachada, y que representan algunos de los famosos trabajos de Hércules.


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
En la plaza hay otros edificios remarcables como el Palais Herberstein, en su día propiedad de una familia de aristócratas y que actualmente es un bloque de apartamentos. Anteriormente, otro palacete, el Palais Dietrichstein, ocupaba este mismo lugar hasta su demolición. En sus bajos estaba el Café Griensteidl, donde se reunía la crème de la crème de la cultura vienesa del siglo XIX, entre ellos Felix Salten. Hoy día hay aquí un café con el mismo nombre pero sin ninguna conexión con el original.





Al lado del Palais Herberstein se encuentra la Looshaus, o Casa Loos, que era el apellido del arquitecto que la diseñó. Actualmente es la sede de un banco, pero en sus inicios este edificio albergó la sede comercial de la empresa Goldman & Salatsch, especializada en el diseño y confección de trajes. Cuando se inauguró, en 1912, su estilo arquitectónico modernista no convencía a los sectores más conservadores de la época, que también incluía al entonces emperador Franz Joseph. Una de sus quejas era la sobriedad de su fachada, con ventanas sin ningún tipo de decoración, lo que hizo que a esta edificación se le empezara a conocer como “la casa sin cejas”.




Por si no tuvieramos bastante con la historia contenida en los edificios que rodean la Michaelerplatz, en el centro se pueden encontrar algunos restos del antiguo asentamiento romano de Vindobona que, como en el caso de muchas ciudades fundadas por este legendario imperio, era un campamento militar que vigilaba las rutas comerciales que por aquí pasaban y que tenían al Danubio como su principal eje. Al parecer, los restos que se pueden ver en la plaza pertenecían a un antiguo burdel frecuentado por los soldados.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si tenéis la suerte de vivir en Viena o simplemente venís de visita, el paso por Michaelerplatz no os dejará indiferente. Da igual las veces que pasees por este lugar, que siempre encontrarás un detalle interesante en el que detenerte, o un ángulo diferente desde donde observar esta maravilla de rincón. Aprovechadlo y disfrutadlo lo que podáis.

Espero que paséis una feliz semana y que el progresivo aumento de las horas de día esté ya haciendo efecto en vuestros ánimos. El fin de semana que viene no habrá entrada porque me pillará viajando por República Checa, así que nos seguimos leyendo en dos semanitas.

¡Hasta la próxima!

Fuentes:

- Artículo en Visiting Vienna (en inglés)

- Artículo en Geschichtewiki (en alemán)

Artículo en la Wikipedia (en alemán)

Artículo sobre el Palais Herberstein en la web de Burgen-Austria (en alemán)

- Artículo en Visiting Vienna sobre la Looshaus (en inglés)