domingo, 28 de marzo de 2021

Casa de muñecas (y muñecos)

Siguiendo con el repaso a algunos lugares interesantes en Baden, he dejado esta entrada para el que me pareció el rincón más particular y curioso de todos los que llevo visitados desde que llegué a Austria. Se trata del museo de muñecas y juguetes, que acoge la colección privada de Helga Weidinger, la señora que hace 30 años decidió iniciar este precioso proyecto. Algunas de las reliquias se remontan a finales del siglo XVIII, aunque la mayoría de objetos son de principios del siglo XX. Vamos a echarle un vistazo a este sitio único que seguro que no os dejará indiferentes.



Los diferentes ejemplares que se muestran en este museo se distribuyen en dos pisos y están ordenados de manera temática. Aparte de infinidad de muñecas, se pueden encontrar otros juguetes como trenes, cochecitos, caballos de madera y animales de peluche, como uno de los primeros osos “Teddy” comercializado por la compañía estadounidense Steiff, que bautizo a este popular muñeco en honor al presidente Theodore Roosevelt. Entre estos tesoros, hay también una vitrina dedicada a muñecas japonesas y una mini colección de marionetas
















Las sensaciones al observar con detalle cada estantería son muy variadas y van desde la repulsa hasta la fascinación. Es la típica situación en la que eres consciente del mal rollo que da el asunto pero, al mismo tiempo, no puedes despegar la vista de esos inquietantes ojos de cristal. ¿Quién no ha sentido alguna vez un escalofrío asociado a estos inofensivos juguetes? En la cultura popular, siempre ha existido cierta relación entre las muñecas antiguas y el terror (el caso más famoso seguramente sea el de Annabelle), lo que a muchos nos lleva a cierto rechazo. En mi caso, sigo traumatizado con aquella escena de la película de Barbarella en la que la heroína espacial es atacada por una pandilla de muñecas con más malas pulgas que Cristiano Ronaldo sin poder usar Instagram. Vaya “yuyu”.



 














El museo de muñecas y juguetes de Baden está situado muy cerca del Kurpark, a pocos metros del casino, y abren todos los días menos los lunes de 4 a 6 de la tarde (los fines de semana abren a las 2). Tenéis más información en su página oficial, www.puppenmuseum-baden.at, de la que he sacado la información para esta entrada.

Aprovechad si tenéis la oportunidad para ir ahora, que a partir del jueves vuelven a echarle el candado como al resto de museos del país. ¡Que lo paséis bien!


domingo, 21 de marzo de 2021

Tras los pasos de Beethoven

 

Aunque nacido en Alemania, Ludwig van Beethoven pasó la mayor parte de su vida en Viena, ciudad donde desarrolló su gloriosa y prolífica carrera. Entre sinfonía y sinfonía, el mítico compositor se daba largos paseos por los alrededores en busca de parajes naturales que estimularan su inspiración. Uno de los lugares que solía visitar con frecuencia, sobre todo en verano, era Baden, una localidad famosa por sus balnearios (el nombre se traduce precisamente por “baños”) a tan solo 26 kilómetros de la capital. En este encantador pueblo se pueden encontrar rincones relacionados con el genio de Bonn, incluyendo varias rutas de senderismo que atraviesan los bosques vecinos.



Beethoven residió en diferentes apartamentos durante los periodos veraniegos que pasó en Baden, pero solo una de las estancias se ha mantenido como casa-museo, la Beethoven­haus, donde vivió entre 1821 y 1823. Se dice que fue aquí donde compuso los fragmentos fundamentales de la famosa Novena Sinfonía. De hecho, hay una habitación de la casa dedicada enteramente a esta obra maestra, donde se puede escuchar y analizarla al detalle. También se conservan algunas pertenencias del músico y curiosidades como su historial médico, incidiendo, sobre todo, en la evolución de su sordera, la cual no le impidió seguir componiendo hasta el final de sus días.




En la plaza del ayuntamiento de Baden se encuentra la Kaiserhaus, o casa imperial, que fue la residencia veraniega de los Habsburg en el siglo XIX. Este edificio acoge hasta mayo de este año una interesante exposición sobre Beethoven. A través de las diferentes salas se pueden encontrar algunos objetos personales y varias piezas artísticas relacionadas con su figura. Además, se analiza la influencia del compositor en áreas como la política, el arte, la publicidad o la cultura popular.





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como decía al principio, una de las grandes aficiones de Beethoven era pasear por la naturaleza, completando caminatas kilométricas que podían durar un día entero. Tanto en Baden como en sus alrededores existen diversos itinerarios que supuestamente se corresponden con los recorridos originales que el músico hacía cuando estaba por esa zona. Uno de ellos se adentra en el Kurpark, un precioso parque construido en 1870 y en el que se pueden encontrar algunos edificios históricos, como el casino de Baden, y memoriales como el Templo de Beethoven, inaugurado en 1927 con motivo del centenario de su fallecimiento.


Si después de la visita a Baden os quedáis con ganas de más y os gusta darles caña a las suelas, siempre podéis regresar y continuar siguiendo los pasos de Beethoven a través de alguna otra ruta de senderismo cercana. Una de las más populares es la llamada Rundwanderweg o ruta circular, de unos 26 kilómetros. El itinerario comienza en el Hotel Sacher, fundado por el hijo de Franz Sacher (el creador de la famosa tarta), y pasa por otros lugares interesantes como la llamada Capilla del Cólera, la Antonsgrotte, la cueva de Königshöhle o las ruinas del castillo de Rauheneck, con fantasma incluido. Otro de los puntos clave es el alto de Hoher Lindkogel a unos 834 metros sobre el nivel del mar, la única inclinación notable en este camino.  

Debajo adjunto un mapa que combina esta ruta con otra que sale de Bad Voslau también en dirección a Hoher Lindkogel, por si queréis acortar el recorrido un poquito.

 


 

Ahora que se acercan las vacaciones de Semana Santa, si estáis en Viena o en alguna región cercana, y estáis buscando excursiones para hacer en un día, Baden es, sin duda, una de mis principales recomendaciones. Además de los lugares comentados relacionados con Beethoven, hay otros sitios que merecen la pena como el museo de Arnulf-Rainer, dentro de un antiguo balneario, Doblhoffpark y su jardín de rosas, o el museo de muñecas y juguetes antiguos, al que espero dedicarle una entrada aparte en los próximos días (actualizado: aquí tenéis el artículo sobre este sitio).

¡Hasta la próxima!

domingo, 14 de marzo de 2021

Quiénes somos, de dónde venimos, y a dónde vamos

 

Hace ya un mes que por fin se volvieron a abrir los museos en Viena. En esta ciudad tenemos para todos los gustos, desde pintura y cualquier disciplina artística, hasta los dedicados a personajes históricos, como Freud o Sisi, pasando por otros tan curiosos como uno de ilusiones ópticas o el museo de ritos funerarios. Nosotros estuvimos hace poco en el de Historia Natural (Naturhistorische Museum), un lugar único con una impresionante colección de ítems relacionados con ciencias naturales como la geología, la astronomía, la biología o la zoología, además de una sección dedicada a la época prehistórica. Además de conocer mejor los orígenes de nuestro planeta y las especies que lo pueblan, el museo acoge también exposiciones temporales dedicadas al cuidado del medio ambiente y el desarrollo sostenible.

Las primeras salas en el piso inferior, conforme se entra a la derecha, están dedicadas a los minerales y a las piedras preciosas, con especímenes procedentes de los más variados lugares del globo. La sala 5 contiene la colección de meteoritos más antigua del mundo, inaugurada con un ejemplar caído en Hraschina, en Croacia, que data de 1751. Tras pasar por la sección de los fósiles y los dinosaurios (siempre mi favorita en este tipo de museos), se llega a la parte de la paleontología. Aquí, sin duda, la pieza más preciada es la estatuilla de la Venus de Willendorf hallada en la zona del valle del Wachau, con una antigüedad de 25000 años.


















En el segundo piso se incluye un repaso exhaustivo de los seres vivos (algunos disecados y otros en formol) con los que compartimos este punto del universo llamado Tierra. Empezando por los microorganismos más simples como los protozoos, se pueden apreciar diversos ejemplares de especies, algunas ya extinguidas como el dodo, por ejemplo, hasta llegar a la sala de los primates. Entre las muestras más curiosas están la del okapi, la tuatara, el takin, el mono aye-aye de Madagascar, e incluso un dragón de Komodo. Pero a mí lo que más me impresionó fue ver una reproducción a tamaño real de un celacanto, vaya bicho.















Además del interés científico que despierta su enorme colección, el museo de Historia Natural de Viena también tiene un importante valor histórico, recogiendo el espíritu del periodo de la Ilustración y las primeras expediciones hacia tierras lejanas con el fin de impulsar el conocimiento y la investigación. Por otra parte, a nivel artístico, el edificio en sí es despampanante tanto por su fachada como su interior, con la pintura de “El Ciclo de la Vida”, de Hans Canon, en el techo como la obra principal.


 





















Os interese más o menos la historia de las ciencias naturales, la visita a este museo no deja indiferente a nadie. Eso sí, calculad una mañana entera si lo queréis recorrer sacándole el jugo. Aprovechad estos días los que estáis por aquí si todavía no tenéis plan para las próximas vacaciones de Semana Santa que, tal y como se ven los números de casos de COVID, no sería extraño que volvieran a echarle el cierre.

Aquí os dejo la página oficial del museo, con horarios, precios, y descripción de las salas, las cuales también pueden visitarse de manera virtual:

https://www.nhm-wien.ac.at