viernes, 30 de octubre de 2020

Ruta por el Wachau. Día 1: Melk

Esta última semana hemos tenido vacaciones en la escuela (la Herbstferien, o vacaciones de otoño) y mi mujer y yo hemos aprovechado para pegarnos el primer viaje juntos desde abril de 2019. Han sido 4 días fabulosos recorriendo parte del valle de Wachau, en la región de la Baja Austria, a las orillas del Danubio, entre viñedos, albaricoques y paisajes de ensueño. Empezamos nuestra ruta en Melk, a 86 kilómetros al oeste de Viena, donde pasamos una jornada entera recorriendo sus calles y visitando su imponente abadía.

 


La zona histórica de Melk se puede recorrer a pie en una mañana y comienza a unos pocos metros de la estación de tren. Hay edificios pintorescos como la antigua oficina postal o la Haus am Stein (“la casa en la roca”), que data del siglo XV. También del mismo periodo es la iglesia católica de Santa Mariä Himmelfahrt (“Asunción de María”) cuya vista domina todo el casco antiguo.


 




El principal punto de interés de Melk es su famosa abadía benedictina, cuyo origen se remonta al año 1089, aunque la mayoría de sus edificios, incluida su despampanante iglesia de estilo barroco, son de principios siglo XVIII. La visita incluye un museo con piezas de arte medieval y reliquias, incluyendo una imagen en vídeo de la famosa Cruz de Melk, la cual contiene una astilla supuestamente de la cruz donde Cristo fue crucificado, y que se haya custodiada en una caja fuerte. Otro de los lugares que más impresionan dentro del conjunto de la abadía es su biblioteca, sin duda mi lugar preferido. Solo por estar tan cerca de tomos tan antiguos y esos globos terráqueos ya merece la pena la entrada. Para terminar la visita, se puede dar una vuelta por el Parque de la Abadía, con unas vistas muy bonitas de la misma, del pueblo y sus alrededores.



Tras una noche en Melk, salimos temprano a recorrer a pie los 3 kilómetros que hay hasta el pueblo de Emmersdorf, en la orilla opuesta del Danubio, desde donde tomamos un tren hasta Spitz, el punto de partida de nuestra siguiente etapa de la que hablaré en la próxima entrada.

Vista de Emmersdorf, con la abadía de Melk al fondo    













Más información sobre Melk, incluyendo algunos itinerarios temáticos y opciones de alojamiento en este enlace: http://www.melk.gv.at/en/Tourism

sábado, 24 de octubre de 2020

Viaje al Medievo


Con los casos de COVID19 aumentando vertiginosamente en toda Austria, con zonas como Tirol o Salzburgo en situación de alto riesgo, las posibilidades de viajar por el país y fuera del mismo (los países vecinos están incluso peor) se hacen cada vez más complicadas, aunque, de momento, no existen restricciones de movilidad entre regiones. Por fortuna, existen sitios interesantes para visitar en las cercanías de Viena por si este puente del Día Nacional os apetece una excursión de un día y cambiar un poco de aires. Uno de ellos es el castillo de Kreuzenstein, en la localidad de Leobendorf a 25 kilómetros al norte de la capital.



El origen de esta joya medieval se remonta al siglo XII, en tiempos de los condes de Formbach, sus primeros moradores. Más adelante llegaría a convertirse en posesión de la dinastía de los Habsburgo hasta su destrucción casi por completo en 1645, durante la cruenta Guerra de los Treinta Años. Ya en 1874, los condes de Wilczek, sus actuales propietarios, reconstruyeron el castillo utilizando tanto materiales y piezas originales como otras adquiridas en diferentes lugares de Europa. Hoy día el lugar sirve de museo de piezas de arte y objetos cotidianos del Alto y Bajo Medievo. Mención aparte merece la armería, sin duda la parte que más me gustó.



El castillo de Kreuzenstein ha servido de localización para algunas películas y series de televisión, como la de Los Tres Mosqueteros de 1993, la reciente serie de Netflix The Witcher, o cintas de terror trash de los 70, como Baron Blood del gran Mario Bava. También se rodó aquí la comedia erótico-festiva setentera alemana Gebissen wird nur nachts (traducida al español como “Chúpame…la sangre, tío), en la que una actriz de Hollywood viaja a Transilvania y descubre que tenía una antepasado vampira. Inquietante.

Fuente: IMDb














El castillo solo se puede visitar a través de un tour que, al menos en nuestro caso, fue enteramente en alemán, aunque hay guías disponibles en inglés en las taquillas. La duración del recorrido es de aproximadamente una hora y no está permitido hacer fotos dentro de las salas. Está abierto todos los días del 1 de abril al 1 de noviembre, de 10 de la mañana a 4 de la tarde, o hasta las 5 de la tarde los domingos y festivos. Para llegar en transporte público se puede ir en tren con el S3 o S4 hasta la estación de Leobendorf-Burg Kreuzenstein Bahnhof y, desde allí, una media horita andando. Tenéis más información en la weboficial.

Espero que os interese la propuesta y os haya motivado la curiosidad. Feliz puente del Día Nacional y feliz San Rafael a mis paisanos de Córdoba. Nos leemos en una semana.


sábado, 17 de octubre de 2020

Bello de ver

 

Ahora que parece que ya ha llegado el fresquete otoñal y cada vez son menos los momentos de sol que favorecen las actividades al aire libre, va llegando el momento de buscar alternativas más conformes a la época en la que estamos. Una de las opciones más recomendables en Viena es refugiarse en algún museo y pasar horas viendo y analizando obras de arte, reliquias arqueológicas o lo que encarte. Hace un par de semanas visitamos el Belvedere, alojado en el palacio del mismo nombre. Uno de los lugares imprescindibles a la hora de disfrutar del legado artístico de este país.



Construido a principios del XVIII, este complejo palaciego era la antigua residencia del príncipe Eugenio de Saboya. El conjunto se compone de dos palacios, el llamado Belvedere inferior (actualmente cerrado por obras) y el Belvedere superior, que desde tiempos de María Teresa de Habsburgo empezó a usarse como galería artística, convirtiéndose en uno de los primeros museos públicos al alcance del pueblo llano. Los dos edificios están conectados por un hermoso jardín barroco que recuerda al de Versalles. Además, hay un jardín botánico anexo que merece mucho la pena visitar.



El museo Belvedere acoge obras pictóricas y esculturas de los principales artistas austriacos de diversos periodos, desde la Edad Media hasta el siglo XX. También es posible encontrar obras de pintores tan conocidos como Monet, Renoir o Van Gogh. Una de las sorpresas fue cuando me topé con el impresionante retrato de Napoleón a caballo, de Jacques-Louis David, que aparecía en la portada de un libro de Historia que leía y releía de niño y que tengo incrustado en el cerebro desde mi infancia.




Mención especial en el museo Belvedere merece la colección de Gustav Klimt, el pintor más conocido de Austria, y principal representante del grupo de arte vanguardista Wiener Sezession (La Secesión vienesa), a finales del siglo XIX. Sus provocadoras obras se pueden considerar parte de la corriente simbolista, y están inspiradas en motivos mitológicos y estilos dispares, entre ellos el arte bizantino y sus mosaicos. Su cuadro más famoso es, sin duda, el icónico “El beso”, considerado blasfemo en su época por las reminiscencias que tiene con elementos de obras religiosas (el uso de mantos o el pan de oro, por ejemplo). No se sabe con certeza, pero al parecer los personajes del cuadro podrían ser el mismo Klimt y alguna de sus relaciones.

Lo siento, no lo pudimos evitar
Lo siento, no lo pudimos evitar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este momento, para visitar el museo hace falta reservar la hora con antelación a través de su página web, donde podéis encontrar más información al respecto. Una vez dentro no existe ningún límite de tiempo para visitar todas las salas. La visita completa puede superar las dos horas yendo con calma.

Aparte de un bonito sitio para pasear, los senderos de los jardines también son excelentes para pegarse unos trotes. El recorrido total está bastante bien, aunque ya hablaré en otra ocasión de lugares interesantes para correr en Viena.

¡Hasta la próxima!