domingo, 20 de diciembre de 2020

Todo tiene su fin (las pandemias también)


Cuando medio mundo sigue todavía en mitad de una segunda ola de COVID19 y algunos países incluso ya empiezan a afrontar una tercera, ya se empiezan a planear futuros memoriales en honor de las víctimas de esta pandemia y los profesionales que están dándolo todo para conseguir frenarla y paliar sus devastadores efectos. En Viena ya existe un monumento de este tipo, aunque mucho más anterior a lo que estamos viviendo ahora. Se trata de la Pestsäule (o “columna de la peste”), relacionada con el fin de uno de los episodios más trágicos de la historia de la capital austriaca, la llamada “Gran Peste de Viena”, en 1679. Repasaremos algunos datos de este acontecimiento y aquellos otros lugares relacionados con el mismo.



Debido a su localización geográfica e importancia en las rutas e intercambios comerciales, con numerosos viajeros y transportistas llegados de todas las partes del globo, la ciudad de Viena ha sido a través de la Historia un lugar vulnerable a la aparición y propagación de brotes epidémicos. No obstante, la epidemia de peste bubónica de 1679, a pesar de haberse llevado la vida de 76000 residentes, no fue tan letal como las del siglo XIV, por ejemplo, ya que se introdujeron algunas mejoras y tratamientos específicos. Uno de los avances fue el de abrir hospitales especiales para los enfermos de esta plaga. También se empezaron a apilar los cadáveres de los fallecidos dentro de zanjas que luego se quemaban, en las afueras de la ciudad. Hasta ese momento se solían dejar los cuerpos, sin tocarlos, en cualquier lugar, hasta que se descompusieran, con las consabidas consecuencias que eso generaba.



Para conmemorar el final de la epidemia, el emperador Leopoldo I que, por aquel entonces, había salido de la ciudad dejando allí a sus queridos y sufridores súbditos, ordenó construir un memorial como agradecimiento a la Santísima Trinidad, por haber librado a la ciudad de tan brutal desgracia (del trabajo de los médicos y enfermeros no se menciona nada, vaya). En un principio se levantó una columna de madera. Esta sería remodelada más adelante y convertida en un monumento en mármol, que no se completaría hasta 1694, unos años después de la victoria del final del sitio de Viena por las tropas turcas, con lo que, a su significado original, se le añadió el de la liberación de la ciudad. Entre los detalles y elementos que se pueden apreciar en esta joya barroca están las esculturas que representan a la Santísima Trinidad en la cúspide, apoyada en una especie de nube piramidal con diferentes querubines, el escudo imperial en el pedestal, y las estatuas de los ángeles dándole una paliza a una anciana, que representa el triunfo de la fe contra la peste.

 La Pestsäule está en mitad de la calle Graben, muy cercana a la catedral de San Esteban.


Aparte de construir la columna en cuestión, Leopoldo I había prometido remodelar la iglesia de San Pedro, en la misma zona de la ciudad, que había sido destruida en un incendio por aquella época. Se dice que esta es la iglesia más antigua de Viena. Su interior, tras su reconstrucción, es enteramente de estilo barroco.


 

 


Otro importante monumento relacionado con el final de la epidemia, aunque de otra posterior, y que acaeció entre 1713 y 1714, es la iglesia de San Carlos o Karlskirche, situada en Karlsplatz. Fue mandada construir por el emperador Carlos VI en honor de San Carlos Borromeo, patrón de los enfermos de úlceras, cáncer y epidemias como la peste. La entrada de este impresionante edificio está flanqueada por dos impresionantes columnas en las que aparecen relieves con la vida de este santo. Merece la pena pagar la entrada al interior y subir a la atalaya donde se pueden admirar los frescos que decoran su cúpula con algunas alusiones a la victoria, de nuevo, de la religión contra la plaga.



No quería concluir este recorrido histórico por las plagas de finales del siglo XVII y principios del XVIII en Viena sin hablar de un personaje perteneciente al folclore local y que incluso tiene una estatua en su honor (en la calle Neustiftgasse). Se trata de Marx Augustin, un trovador de aquella época, aficionado a soplar, tanto la gaita como diferentes bebidas espirituosas, y que, en una noche de borrachera, se quedó dormido en la calle. Eran los años de la pandemia, así que unos señores lo dieron por muerto y lo arrojaron a una fosa común llena de cadáveres. Cuenta la leyenda que el bueno de Augustin conseguió sobrevivir y siguió sonando su gaita y contándole a todo el mundo sus peripecias que sobreviven hasta nuestros días. Hay incluso una canción en su honor, que podéis escuchar más abajo, y que seguramente os sonará a la mayoría.



Yo sé que, en estos días fríos, con nada de sol en Viena, en los que muchos añoramos estar junto a nuestras familias y en los que los próximas confinamientos y restricciones nos vuelven a dificultar los pocos planes que teníamos para estas fechas, es complicado mantener la esperanza y ver las cosas con optimismo. Pero no debemos olvidar que esto no va a ser para siempre, que más tarde o más temprano podremos volver a nuestros viejos hábitos y rutinas (en algunos países ya llevan tiempo haciéndolo) y seguiremos viajando, reuniéndonos con amigos, cantando y disfrutando, como Augustin, como solíamos hacer antes. No sé si saldremos más fuertes o no, pero saldremos.

Un fuerte abrazo y muchos ánimos en este sprint final de 2020.



domingo, 13 de diciembre de 2020

A la carrera (1ª parte)

 Entre las actividades que más se está practicando en estos días de cierres y restricciones varias está el “running”, o “footing” (esto me suena muy ochentero) o, lo que siempre se ha llamado el salir a correr. Yo ya lo llevaba haciendo de forma regular antes de la pandemia pero, desde que aterrizamos en Viena, he incrementado de nuevo el ritmo. No solo porque es una de las poquitas cosas que se permiten hacer con seguridad, sino porque esta ciudad parece estar hecha para corretearla. Desde agosto hasta ahora he ido probando diferentes circuitos y lugares donde hacer unos kilómetros, a cual más motivante. En esta entrada repasaré los que llevo recorridos hasta ahora por si alguien se anima a corretearlos.



Zona: Alte Donau, distrito 22         

Distancia: 6 kilómetros y medio

Es mi circuito más habitual ya que es el que me pilla más cerca de casa. Un itinerario muy recomendable salvo en los fines de semana, cuando más gente se congrega por esta zona. A pesar de todo, correr por aquí es precioso.

Lo mejor: Las vistas del Danubio

Lo peor: Las aglomeraciones de viandantes en algunas partes de la vía



 


Zona: Donaukanal, distritos 2 y 20

Distancia: 10 kilómetros

Un recorrido a través del canal desde el puente de Schewedenbrücke hasta una pasarela que hay justo al pasar por debajo del puente de la carretera A22, ya en el distrito de Brigittenau. Una de mis zonas favoritas que, por lo que sea, me motiva mucho.

Lo mejor: No hay apenas elevaciones, se hace fácil

Lo peor: Hay zonas en las que los carriles bici predominan y hay que mantenerse alerta


 


Zona: Donau Park, distrito 22

Distancia: Unos 3 kilómetros la vuelta entera, depende de los senderos que uno elija.

De los mejores sitios para correr y el lugar donde conseguí batir mi record personal. Lo tiene todo, espacio amplio, variedad de inclinaciones y tranquilidad. Hay días en los que este parque está más concurrido, pero hay espacio de sobra para poder moverse sin agobios.

Lo mejor: Buen firme y ambiente variado

Lo peor: ¡Cuidado con el trenecito!




Zona: Donauinsel, distrito 22

Distancia: Un poco más de 10 kilómetros.

Se puede empezar en la misma parada de U-bahn de Donauinsel y correr en dirección oeste hasta un poco antes del puente de Jedleseer, y dar la vuelta allí. Me pareció un lugar bastante tranquilo a la par que bonito para correr.

Lo mejor: Zona tranquila y se completa sin mucho esfuerzo

Lo peor: Se puede llegar a hacer un poco monótono




Zona: Prater, distrito 2

Distancia: 9 kilómetros

Este recorrido transcurre por la avenida principal del parque del Prater, la Hauptallee, desde la entrada cerca de la estación de tren hasta la rotonda del club de golf, donde se da la vuelta. Una de las zonas más populares e icónicas de Viena para los deportes al aire libre.

Lo mejor: Los carriles son amplios y es posible ir cambiando de superficie por si nos aburrimos del asfalto.

Lo peor: Al igual que en Donauinsel, el ir tanto tiempo en línea recta puede llegar a aburrir un poco


Zona: Jardines del palacio Belvedere, distrito 3

Distancia: 2 kilómetros

Aparte de poder visitar uno de los museos más importantes de la ciudad y darse un paseo por su precioso jardín botánico, los senderos de los jardines también pueden convertirse en un terreno ideal para hacerse unos kilómetros.

Lo mejor: La belleza del espacio, en especial, esas vistas desde la explanada del palacio principal

Lo peor: Cuando toca hacer el recorrido cuesta arriba, esa rampa es criminal

 

 


Zona: Jardines de Liechtenstein (pantalla "bonus" desbloqueada)

Distancia: Menos de un kilómetro

Estuve hace poco para echarle un vistazo a los árboles de navidad que vendían cerca de la entrada del parque, y aproveché para probar qué tal se corre aquí.No creo que vuelva a intentarlo.

Lo mejor: El sitio es bonito

Lo peor: El circuito es demasiado corto, los carriles estrechos y hay demasiada gravilla




Todavía me quedan algunas zonas pendientes por probar. Espero seguir aumentando la lista de sitios en los próximos meses, mientras seguimos esperando que vuelvan las maratones a la ciudad. Y, como dije el otro día con lo del senderismo, si hay alguien interesado en apuntarse para echar unas carreras (en el distrito que sea), que me avise.

Cuidaos.